El viaje que Aleister Crowley hizo a México en 1900

EN 1900 ALEISTER CROWLEY VIAJÓ A MÉXICO PARA SER INICIADO EN EL  TRIGÉSIMO TERCE GRADO (33) DE LA MASONERÍA. DURANTE SU ESTANCIA EN ESTE PAÍS CROWLEY APROVECHÓ PARA ESCALAR EL VOLCÁN POPOCATÉPETL Y VISITAR LAS MÁGICAS MONTAÑAS DE TEPOZTLÁN.

1905

Considerado por algunos como el “último gran brujo del ocultismo occidental” y por otros como el “hombre más malévolo del planeta”, Aleister Crowley es una de las figuras más prominentes —y polémicas— de la tradición mística del último siglo. Temido por muchos, idolatrado por otros más, Crowley se encargó de generar en torno de sí una entidad oscura y espectacularmente etérea, a la luz de la sombra. Pero dentro de las múltiples crónicas y la anecdótica parafernalia que forman parte del legado de su figura, no muchos conocen de su paso por México, estancia durante la cual incluso recibió su iniciación en el 33er grado de la masonería y fundó una extravagante Orden Secreta.

Entre las fuentes que hablan sobre este viaje que Crowley realizó en 1900 (por sugerencia de un par de colegas parisinos del Golden Dawn, tiempos durante los cuales no muchos viajeros se animaban a cruzar los mares para llegar desde Reino Unido hasta las estrambóticas tierras mexicanas), se encuentra el libro The Confessions of Aleister Crowley, que él mismo escribió, además de algunas menciones aisladas de personas que aparentemente se encontraron con el controvertido mago ceremonial en este país. Algunas de las pocas cosas que sabemos de su travesía es que eligió algunos parajes naturales y, como buen alpinista, se encumbró en el volcán Popocatépetl, además de recorrer las montañas del místico pueblo de Tepoztlán, ambos lugares situados cerca de la Ciudad de México.

Entre los trabajos espirituales que Crowley realizó en México se tiene registrada una intensa labor en torno a las 19 Llamadas de Enoch, un protocolo místico inicialmente dictado en 1584 por el ángel Nalvage (la primera llamada) y que debido al poder implícito en él fue liberado en 19 sesiones sucesivas y además que son tratadas en el libro True & Faithful Relation of What Passed Between Dr. John Dee and Some Spirits, publicado por Meric Cassaubon en Londres a finales de 1659. Por otro lado “La Gran Bestia” recibió su iniciación como masón en 33er grado dentro del Consejo Supremo del Ancestral y Aceptado Rito (vertiente escocesa). La distinción la recibió de manos del Duque de Medina y Sidonia, Don Jesús Medina, una figura un tanto confusa, ya que mientras es reconocido por muchos como portador de uno de los más altos rangos de la escuela masónica proveniente de Escocia, otros afirman que la iniciación de Crowley dentro del más alto nivel del rito, el 33, no tenía validez frente a otras logias, algo de lo que Crowley se enteraría posteriormente y supuestamente le habría provocado un profundo disgusto. Por otro lado no existe prácticamente nada de información de la vida de Don Medina en los archivos históricos.

Don Jesús Medina, un descendiente del gran Duque de Armada y uno de los más altos jefes del Rito Escocés de Francmasonería. Mi conocimiento cabalístico, siendo ya bastante profundo de acuerdo a los estándares comunes, me consideró merecedor de la más alta iniciación que su poder le confería; poderes especiales fueron obtenidos en vista de mi limitada permanencia, y fui empujado rápidamente a través del 33vo y último grado antes de dejar el país. (The Confessions of Aleister Crowley, 202-203)

Pero tal vez el epicentro de la visita crowleyana a tierras mexicanas sea la fundación de la Orden Secreta de la Lámpara de la Luz Invisible [Sacred Order of the Lamp of the Invisible Light], de la cual Aleister nombró a Don Medina máximo sacerdote, devolviendo así la “cortesía” que había recibido. Aparentemente el objetivo de la SOLIL era restaurar el bagaje de magia ritual que la francmasonería había, según ellos, olvidado. Posteriormente, en 1904, el propio Crowley disolvería todas los grupos místicos que había fundado para dar paso a su obra más significativa: The Book of Law.

Y este fue el legado que el Sr. Crowley dejó en su visita a México, de la cual solo sabemos como dato adicional que halló en el peyote “líquido” una delicadeza metafísica y que recorrió, tal vez buscando el eco del espejo transtemporal de Quetzalcóatl, lugares cercanos a donde supuestamente este dios/guerrero/linaje recibió el bautizo. Crowley, el parafernálico brujo, el poderoso sodomizador de realidades, aquel que fue descalificado tajantemente por algunos espíritus privilegiados como el de W.B. Yeats y alabado hasta la fecha por tantos, viajó miles de kilómetros por barco y, aunque al parecer fue una travesía discreta, lo cierto es que tiene sentido: tanto México como Crowley pueden entenderse mejor al enterarnos de este encuentro.

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