Huesos de Kappa

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De acuerdo al folclor japonés el Kappa es una monstruosa creatura que habita lagos y ríos, ocasionalmente el demonio dejará su ambiente acuático para retar a un humano en combate, de ser así uno de ellos perdió: lo que al parecer son los restos momificados de un Kappa que fue herido de muerte con un arma de fuego en el año 1818 pronto serán exhibidos.

Hay muchos muchos cuentos acerca del Kappa para ser escuchados por todo el Japón, Mientras que alguna gente piensa que es solamente un mito para enseñar a los niños de los peligros del agua, otros sugieren que pudieron haber estado inspirados en salamandras gigantes, otros firmemente creen que la criatura es real, en algunas villas aún es posible encontrar señales de advertencia acerca del Kappa.

Sin embargo nadie ha podido ser capaz de probar la existencia del Kappa ¿hasta ahora?

Lo restos momificados del Kappa de la prefectura Miyazaki en Kyuushuu estarán en exhibición por primera vez en la residencia Miyakonojo Shimazu, hasta junio 22, fueron presentados a la familia Miyakonijo Shimazu después de que supuesta mate se le disparó al Kappa ocasionandole la muerte la orilla de un rio actualmente el pueblo Mimata por el año 1818.

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El pie y el brazo miden aproximadamente 8 cm y 15 cm respectivamente, pero desafortunadamente no se puede ver la característica union de tejido entre los dígitos.

Restos momificados de Kappa aparecen frecuentemente por todo Japón, pero usualmente se exponen como hechos a mano al juntar distintos pedazos de otros animales, en la misma forma que fue realizada la infame sirena de Fiji, pero no hay opinion de expertos acerca de estos restos en particular, y aparentemente no hay planes para inspeccionarlos, así que puedes creer lo que quieras.

y mientras que los mitos de los Kappas pueden tener variaciones, todos parecen coincidir en un punto, la fuente de fuerza de la creatura está en el liquido contenido en la cima de su cabeza que tiene forma de tazón, los Kappa son mortales pero con muy buenos modales y ahí yace su debilidad, si les haces una reverencia, te regresaran el gesto, derramando el liquido y perdiendo su fuerza con ello.

algo para tener en mente cuando estés cerca de algún rio o lago en Japón.

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Comparando nuestro cerebro con otras especies

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La imagen que tiene sobre estas líneas (que aparecía ayer en la portada de Reddit) muestra la comparación entre un cerebro humano (izquierda) y el de un delfín (derecha). Aparte de que el cerebro humano parece de plástico, se puede añadir alguna curiosidad más sobre la comparación: esos dos hemisferios tan bien diferenciados del delfín se desactivan alternativamente para permitirle descansar y dormir ‘apagando’ la mitad de su cerebro cada vez. Pero lo que para muchos es una sorpresa la diferencia de tamaño, ¿cómo puede ser el cerebro del delfín más grande, si nosotros somos – en teoría – más “listos”? Eso es lo que vamos a explicar en este post.

Lo que se tiene en cuenta en biología para calcular la posible inteligencia de una especie animal es el denominado cociente de encefalización, que es algo así como la relación entre el tamaño del encéfalo y la masa corporal. Una ballena azul, por ejemplo, tiene un cerebro de 7 kilos, el mayor de la Tierra seguido del cerebro del elefante indio de 6 kg, pero ninguno de los dos animales tiene un cociente de encefalización mayor a los humanos, debido a su tamaño. En animales de peso similar, un delfín y un gorila, por ejemplo, podemos ver también diferencias: el cetáceo tiene un cerebro de unos 1’200 kg mientras que el del gorila ronda el medio kilo.

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¿Es esto lo más importante para conocer la inteligencia de una especie? A la ecuación hay que sumarle más variables, como la cantidad de neuronas y la extensión del llamado neocórtex, que son las “capas” de neuronas que recubren los lóbulos frontal y prefrontal de los mamíferos. Ahí, y en la presencia de determinadas neuronas – de von Economo y piramidales, por ejemplo – reside quizá la diferencia de nuestra capacidad de procesamiento. La extensión de estas capas de neuronas es el evento evolutivo más importante del cerebro de los mamíferos y lo que les ha dado muchas ventajas por todo el planeta. En esta imagen tenéis una comparativa entre especies:

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Volviendo a la comparación inicial, entre humano y delfín, repetimos lo que decíamos al principio:no es tan importante el tamaño como la densidad de neuronas. En esta lista de Wikipedia de los animales por número de neuronas encontraréis la explicación. Si contabilizamos el número de neuronas de la corteza de un delfín nariz de botella y un chimpancé, vemos que están en términos similares: en torno a 6.000 millones cada uno, mientras que los humanos estamos más cerca de los 20.000 millones (en la corteza).

Comprender cómo se ha producido la evolución hacia ese encéfalo tan denso y proporcionalmente grande de los humanos es una tarea fascinante en la que los científicos siguen enfrascados. La principal incógnita es cómo hemos podido desarrollar un órgano tan costoso energéticamente. En adultos, nuestro cerebro consume un 20% de la energía frente al 13% de los chimpancés o el 8.5% de los ratones. Algunos estudios recientes apuntan a que en algunas especies se da un hecho que no esperaban: no fue tanto que el cerebro creciera como que el cuerpo fue empequeñeciéndose. Y en el último trabajo publicado esta semana en Plos Biology sobre este tema se compararon las huellas “metabólicas” de los tejidos humanos y los de otros animales y han descubierto grandes diferencias. No solo nuestro cerebro consume más, sino que nuestros músculos son más débiles y consumen menos que los de, por ejemplo, los chimpancés.

¿Qué significa esto? En el fondo la evolución de nuestro cerebro fue una especie de carrera entre un encéfalo que consumía cada vez más recursos y un cuerpo que necesitaba encontrar fuentes de calorías. Pero como explica Carl Zimmer en un magnífico artículo de The New York Times, otros científicos apuntan a que nuestros músculos cambiaron porque se adaptaron a una actividad nueva: andar y correr largas distancias, y eso les permitía obtener más calorías para un cerebro cada vez más exigente. Y si le añadimos después la capacidad para cocinar, y a obtener más energía comiendo menos horas al día, puede que tengamos casi todos los elementos.

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